Situado en las cumbres centrales de La Gomera, con una superficie de 3.984 hectáreas, el Parque Nacional de Garajonay debe su nombre a una antigua leyenda. La misma cuenta la historia de dos jóvenes enamorados: Gara y Jonay, este último llegado de Tenerife sobre dos globos de piel de cabra. Tras la negativa de los padres de Gara ante el noviazgo, los enamorados se dirigieron hacia las montañas. Una vez allí, y portando una estaca de madera afilada cada uno, se dieron muerte uniéndose en un último abrazo. Desde entonces, el pico escenario de esta leyenda recibió el nombre de Garajonay, para más tarde también dar nombre a lo que hoy en día es el Parque Nacional.
La principal característica de este Parque es su exuberancia vegetal. Durante gran parte del año, sus cumbres se ven envueltas por una densa capa de nubes, proporcionándole a esta magnífica selva la humedad necesaria para su pervivencia. Al conjunto de la variedad de especies vegetales que conforman este bosque se le conoce por laurisilva o, en otras palabras, selva de laureles.
El mar de nubes, o lluvia horizontal, adquiere un papel primordial en la recarga hidrológica de la isla.Las gotas que acumulan las hojas se convierten en pequeñas corrientes de agua al caer al suelo. Las mismas se filtran a través de las capas basálticas del subsuelo hasta llegar a los pozos artesianos que las conducirán hacia las zonas más áridas de La Gomera.Las especies endémicas presentes no son únicamente botánicas. Estas cumbres también deben su importancia a la presencia en las mismas de determinadas especies animales propias del archipiélago, que encuentran en este entorno sus mejores poblaciones, como por ejemplo las palomas de la laurisilva: la rabiche y la turqué. Igualmente, los fósiles del Mar de Tetis que se han encontrado en el Parque han suscitado gran interés, ya que eran propios de los bosques subtropicales del área mediterránea hace millones de años.
La belleza e importancia de estos escenarios naturales y paisajísticos, han sido algunos de los argumentos alegados para que en 1986, la UNESCO incluyese a Garajonay en su lista de bienes naturales del patrimonio de la humanidad. Con anterioridad, en 1981, ya se había declarado Parque Nacional de Garajonay, para pasar, en 1989, a formar parte de la red estatal de parques nacionales. Además, a este espacio se le considera área de sensibilidad ecológica en toda su superficie y zona de especial protección para las aves.